Los acuerdos salariales de estos días han servido para sincerar algunas cosas. El Gobierno de la provincia y los empresarios del citrus (una de las dos actividades económicas centrales de Tucumán) han convalidado una inercia inflacionaria para 2011 de un 30%. Aunque el reajuste no suena a descontrol, muestra ya una sostenida espiralización del costo de vida, que como se sabe, impacta más a los sectores más vulnerables. A los trabajadores del limón de las escalas más inferiores y a los policías de rango más bajo, los incrementos redondean el 32%, un detalle que expone cierta inquietud para atender a ese mundo que a duras pena cubre la canasta básica. A esta altura del año, las preguntas que no se quieren escuchar son si los asalariados que obtuvieron menos ventajas en las paritarias no pugnarán por reabrir la discusión antes de fin de año o si estas subas serán suficiente para defender el valor de los salarios.

El modelo de estos años se asienta en la recuperación y el crecimiento del consumo interno, luego de años de achatamiento, como variable central de su proyección y todo el andamiaje financiero, económico y monetario ha empujado en esa línea. La estrategia neutralizó algunas debilidades del programa y en un punto logró devolver entusiasmo y hasta una visión más tranquila respecto del movimiento económico. Ocurre que ese escenario ha comenzado a moverse, los superávits gemelos en los que se asentaba han caído y las proyecciones inflacionarias para 2012 superan el 30%. Hay expertos que advierten -incluso- que no se ha computado en los índices un atraso tarifario en los servicios, la reciente suba (y otras que vendrían) en las naftas y el aumento de las obras sociales. Con balances de empresas en estado de alerta, problemas de competitividad en alza y el poder de compra en entredicho hasta en el Gobierno provincial comienzan a asustarse. "Hasta aquí seguimos con que se necesitarán $ 1.250 millones para hacer frente estas erogaciones, pero si vienen con otros reclamos no vamos a poder pagarlo si no nos ayuda la Nación", dice una fuente oficial.

"No va ser un buen año para la citricultura; en Tucumán va entrar menos plata desde nuestro sector, aunque esto se pueda compensar con los ingresos del azúcar y los granos, que van a ser buenos; la verdad es que esta será una campaña floja para por los mayores costos como los salarios y la presión fiscal, por la menor demanda (el año pasado la caja se vendía en esta fecha en U$S 25 y ahora en U$S 15), al productor le va a quedar muy poca plata", advierte un citricultor.

Un cambio de modelo en el año electoral es impensable, aunque desde la oposición algunos sectores creen que es posible atajar el empuje de los créditos al consumo, sin disminuir el gasto público, como una manera de ralentizar la inflación, el problema más serio y a vencer en estas horas. El Gobierno, seguro y confiado, mantiene la proa del barco que hasta aquí sirvió para modificar el humor de consumidores y asalariados, para sumar entusiasmo en la economía cuando no lo había, para resolver un rumbo que estaba ausente. Aunque nadie vislumbra una catástrofe, otra evidencia incontrastable es que lo que está faltando son acuerdos centrales entre los principales actores políticos, económicos y sociales que permitan alejar riesgos, fantasmas, oscuridades que ya generaron más de un lío. Especialmente, porque hay mucho en juego para aprovechar y ganar. El rescate de la historia argentina tendría que jugar a favor más que nunca.